Después de quince años con mi pareja, ya iba siendo hora de dar el paso, me parece. Ha sido una celebración preciosa, pero complicada de elaborar.

Me explico.

Para empezar, decidimos casarnos en cuanto vimos que mi prima, que ya está casada, se había quedado embarazada. Vimos que era el momento y… nos metimos en la famosísima web de bodas.net.

Cuando te inscribes como pareja, la web te hace una especie de To-Do con las cosas que deberías tener en cuenta antes de la gran fecha. Y, oh dios mío, que lista más larga. Estaba lo típico, como reservar el sitio de la boda, el traje del novio, el ramo de la novia… pero también entraba en detalles que no pensaba para nada, como pueden ser alojamientos para invitados que vengan de lejos, menús para alérgicos, detalles para los testigos, elegir los propios testigos… Una borágine sin fin de cosas a hacer.

Lo gracioso de todo es que piensas “lo hemos empezado con dos años de antelación, tendremos tiempo de todo, podemos hacerlo con calma”… famosas últimas palabras. Cuando te quieres dar cuenta, BAM. Te quedan tres meses.

Prepara el sitio de la ceremonia, diseña los seating plans, haz un logo, haz una web (porque, claro, soy dev, tengo que hacer una web), organiza la lista de invitados y dónde se van a sentar, prepara detalles (encima todo DIY, ya me veis comprando un grabador láser y poniendo mi impresora 3D a trabajar como si fuese a acabarse el mundo), organiza un autobús para llevar a los invitados y que no cojan coche si quieren beber, elige al maestro de ceremonias, escribe tus votos, elige las alianzas, elige el traje de novio, elige los gemelos que te pondrás… Como podéis ver, no acaba nunca la cosa. Y eso que yo soy el novio, por norma general la novia es quien más curra, porque ella es quien está más encima de todas estas cosas (la pobre merece una luna de miel de la luna de miel).

Una vez tienes todo preparado, elige dónde te quieres ir de luna de miel. Como no podía ser de otra manera, nosotros fuimos a lo grande: un mes enterito a Japón. Organiza el viaje, los vuelos, investiga la accesibilidad para personas en silla de ruedas (por mi mujer), aprende lo básico de japonés, haz cambio de divisas, y vuela catorce horitas para allá.

Después de todo el jolgorio de preparar la boda, celébrala. Y disfrútala, claro. Es tu día.

Ja… jaja… jajajaja…

Te pasa volando. No te das cuenta y ya estás en la suite nupcial, reventado de todo el día, en una nube mentalmente. Pasa el día que ni te das cuenta. Años preparándolo todo para que, al final, te sea como cinco minutos todo. Excepto cuando estás en el altar. Entonces, en vez de cinco minutos, ahí el tiempo pasa leeeeeeento… pero luego, pim pam.

En definitiva, que fue uno de los mejores, sino el mejor día de mi vida adulta. Pero los dos años previos puedo asegurar que fueron durillos, especialmente los últimos meses.

Luego nos fuimos a Japón, y eso… también nos pasó volando. Fue increíble, el mejor viaje de mi vida, que pienso repetir sin duda. Es caro de organizar, pero es algo que hay que hacer, al menos, una vez en la vida.

Dicho todo esto, ahora sé de gente que se quiere casar por lo que vivió en mi boda… y algo me dice que me tocará volver a poner el láser y la impresora 3D en marcha para ellos… jejeje

¡Salud, y que la vida os sea fructífera y llena de emociones y viajes!